viernes, 6 de marzo de 2009

"El Caballero de la Armadura Oxidada" .Robert Fisher.

(extracto final)


...El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una sobrecogedora sensación de bienestar. Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba. Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente. La calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y los colores de la naturaleza que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero. Su corazón rebosaba de amor: por sí mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebeca y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lágrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.
“Casi muero por todas las lágrimas que no derramé”, pensó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto. Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en derretir lo que quedaba de su armadura.
El caballero lloraba de alegría. No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas direcciones nunca más. Nunca más vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el oeste.
Sonrió a través de sus lágrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él; una luz mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la luna, deslumbrante como el sol.

Porque ahora El Caballero era el arroyo. Era la luna. Era el sol. Podía ser todas las cosas a la vez, y más, porque era uno con el universp.
ERA AMOR.


Gracias Felipe Peña por regalarme este hermoso libro.

viernes, 13 de febrero de 2009

D. X (2.marzo.06) .-4:30pm-.



Cierro mis ojos
mientras el silencio me apriciona.
La muerte se sienta a mi lado, sin siquiera saludarme, la siento fuerte amiga. Una prolongada lágrima negra que nace de mis tristes ojos, recorre mis mejillas hasta perderse en mi oscura pena. Me ensordece, me priva de toda libertad, me siento cada vez más prisionera de mis recuerdos, que no se borran ni con el más fuerte veneno.
Escucho voces, que hacen parecer tan fácil las soluciones a un borroso espiritu, voces amistosas, solidarias, preocupadas de una realidad incontrolable.

Me pierdo, cada vez más en lo profundo de los momentos malditos; en la oscura, normal y perturbada soledad, escucho una y otra vez en mi inconsiente esas melodias, las letras, canciones sin pies ni cabeza; su respiracion en mi oído, mi cuello, sus manos recorriendome, atandome sin dejarme reaccionar, mi cerebro se habia detenido, mi boca fué sellada por el estupido miedo a tus acciones. Este maldito miedo que sembraste, en el momento en que comenzaba a levantar mi frente, no me deja caminar libre; tu asquerosa escencia, se apoderó de mi totalmente, y me empujó al camino de mi ultratumba.